25
Feb
Se la ve llegar de lejos, como en un travelling, atravesando parsimoniosamente la plaza de Santa Ana de Madrid. Alta y esbelta, con la altura y la esbeltez resaltadas por un moñazo sobre la cocorota y los ondulantes andares que le imponen unos altísimos tacones de aguja recamados de pedrería, destaca como un ave rara entre los uniformes de batalla de los turistas que atestan la plaza a la hora del aperitivo. De cerca, sin embargo, lo que más llama la atención de Yurena, además de la inefable chaquetilla de presunto zorro que lleva bajo el abrigo de paño, es…
