02
Ene
Si alguien necesita espabilar entre el sosiego del 1 de enero no hay mejor reconstituyente que un partido en el que juegue el Liverpool, abanderado de un estilo que Jürgen Klopp comparó con el heavy metal. Resuenan guitarras, bajos y baterías cada vez que los reds se desatan en estampida tras varias idas y vueltas, mientras Anfield enloquece. No cabe la indiferencia ante exhibiciones que aúnan esfuerzo, talento y frenesí. Al fondo está también el marcador, que importa y mucho. Más en este inicio de año en el que tenían la opción de dispararse en la clasificación más pareja de…
