24
Feb
Brassens nos convenció en una canción que sin el arcaico y hermoso latín la misa nos daba por saco. Algo bueno tenía que sacarle a la Iglesia el agnóstico más fiero. Esta siempre intentó cubrir sus piadosas apariencias. Ahora que atraviesa tiempo de ruina, después de haber estado abarrotada de riqueza, con pavorosa deserción de feligreses, se le complica aún más el negocio al salir a la luz las siniestras e interminables pederastias. El demonio siempre estuvo ahí pero convenientemente tapadito. Los jefes del tinglado no castigaban a sus pecadores. Cuando el escándalo era excesivo se limitaban a cambiarlos de…
